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Lo mejor y lo peor del debate: del implacable Vicente Vallés al “desubicado” Pedro Piqueras y la pésima realización

debate

El debate a cuatro celebrado este 13 de junio entre Mariano Rajoy (PP), Pablo Iglesias (Unidos Podemos), Pedro Sánchez (PSOE) y Albert Rivera (Ciudadanos) arrasó en las audiencias con 10,5 millones de espectadores. Pero, a pesar de las cifras, no todo fueron luces en el debate organizado por la Academia de la Televisión.

Lo mejor

Sin duda alguna, lo mejor del debate fue que pudiera celebrarse con los candidatos a la presidencia del Gobierno que, por primera vez, acudieron juntos a un plató de televisión, como no ocurrió en el anterior encuentro celebrado por Atresmedia en diciembre de 2015, donde Mariano Rajoy se negó a comparecer y delegó en Soraya Sáenz de Santamaría la responsabilidad de representar a su partido.

Otro punto a favor del debate fue la pluralidad, vista incluso en la decisión de la Academia de que fueran tres presentadores de las tres corporaciones de televisión más potentes de España quienes moderaran el encuentro: Ana Blanco, Pedro Piqueras y Vicente Vallés.

Precisamente este último fue el más halagado por los espectadores, que vieron en él (al igual que en ‘7D, el debate decisivo’) un moderador de excepción que insistió en sus cuestiones, repreguntando a los candidatos y poniendo a algunos en un apuro, como al propio Mariano Rajoy al preguntarle por las promesas incumplidas en su anterior programa electoral en materia de recortes.

Quizá uno de los puntos a favor, aunque a priori no se debería considerar así, es que no hubo un ganador del debate pero sí se vio de qué pie cojea cada candidato y qué alianzas podrían verse tras el 26J. A saber: Unidos Podemos con el PSOE (o viceversa); y Ciudadanos con el PP sin Rajoy y con el PSOE, a quienes necesita para seguir en la primera línea de política y no quedar ninguneado tras las elecciones.

Lo peor

Aunque la Academia de la Televisión mejoró el plató empleado en el último debate Rajoy-Sánchez (que parecía sacado de una televisión de los 80), todavía se vieron grandes fallos de sonido (el aire acondicionado, momentos en los que no se escuchaban bien las intervenciones, los susurros de los moderadores…), el diseño seguía sin estar a la altura de las circunstancias y recordaba incluso a los barrotes de una cárcel (no superó al de Atresmedia en el 7D), y la realización, lo peor de la noche, podría haberse mejorado con una narrativa diferente.

Por otro lado, los atriles de los candidatos impedían ver en ocasiones las manos de los políticos y los papeles que manejaban, por no hablar de la sintonía de inicio del programa, más propia de Eurovisión en los 90 que de un encuentro como este.

También fue criticada la falta de coherencia en las preguntas de Pedro Piqueras que leía y el hecho de que los moderadores estuvieran más pendientes de controlar los tiempos y no interrumpir a los candidatos, que de repreguntar y aportar datos. De hecho, Ana Blanco cortó al presentador de Telecinco en varios momentos. En Twitter le vieron completamente desubicado, con multitud de comentarios jocosos al respecto.

En la parte política, los ganadores parecieron ser Mariano Rajoy y Pablo Iglesias (aunque no a mucha distancia de sus adversarios), mientras que Pedro Sánchez y Albert Rivera a penas intercambiaron reproches ni se criticaron mutuamente. Pudo verse también a un líder del PSOE que desaprovechó su oportunidad (nuevamente) y que tiró demasiado de la acusación al de Podemos de no haber querido dejar que el PSOE y Ciudadanos formaran Gobierno.

Quizá, una de las peores cosas sea que el espectador medio se haya dado cuenta que un debate a cuatro no sirve ni para construir puentes entre partidos ni para buscar alternativas conjuntas a la construcción de un Gobierno plural: el principal mandato que los españoles dieron a los políticos en las pasadas Elecciones Generales.

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